Homilía del Emmo. Sr. Card. Uriel García | Solemnidad de la Ascensión del Señor



HOMILÍA DEL EMMO. SR. CARD. URIEL GARCÍA
EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

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Queridos hermanos, tengan la bondad de sentarse.

Hoy celebramos con gran gozo y con gran solemnidad la Ascensión del Señor. Jesucristo sube al cielo después de haber vencido el pecado y la muerte, la Iglesia hoy contempla a Cristo glorioso, que asciende a la derecha del Padre, no para abandonarnos, sino para abrirnos el camino hacia la vida eterna.

Cada domingo nosotros proclamamos esta verdad en el Credo cuando decimos: “padeció y fue sepultado, resucitó al tercer día según las Escrituras y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre”. No son solamente palabras que repetimos por costumbre o tradición; es la profesión de nuestra fe, Cristo verdaderamente resucitó y verdaderamente ascendió al cielo.

Pero el Evangelio de hoy no nos presenta solamente a un Jesús que asciende; nos presenta también a un Jesús que envía, antes de subir al cielo, el Señor les da a sus discípulos una misión: “Vayan y enseñen a todas las naciones”. Es decir, la Ascensión no es un final, sino un comienzo, comienza el tiempo de la Iglesia, comienza el tiempo de la evangelización, comienza el tiempo de anunciar al mundo que Cristo vive.

Y el Evangelio menciona algo muy humano: “algunos titubeaban”. Incluso viendo al Señor resucitado, todavía había miedo y dudas, y es justamente lo también nos pasa a nosotros, a veces titubeamos en nuestra fe, nos da miedo defender lo correcto, nos da pena hablar de Dios o pensamos que el mal tiene más fuerza que el bien, pero aun así, Jesús confía en sus discípulos y confía también en nosotros por su infinita misericordia.

Queridos hermanos, vivimos en tiempos difíciles, vivimos en guerras, vivimos en desunión, vivimos en odio, en egoísmo, en indiferencia hacia Dios. Después de presentar los dones pedimos dentro de la liturgia Eucarística: “Ven, Señor Jesús”. La Iglesia espera con esperanza la venida gloriosa de Cristo. Pero debemos preguntarnos: si el Señor viniera hoy, ¿qué encontraría en nuestro mundo? ¿Encontraría amor, unidad, fe y caridad? ¿O encontraría un mundo dividido y alejado de Él?

Nunca sabremos cuándo vendrá el Señor, pero tal vez el Señor aún no viene porque la misión que nos dejó antes de subir al cielo todavía no la hemos cumplido. Cristo nos mandó anunciar el Evangelio, a bautizar y enseñar a vivir según sus mandamientos, y muchas veces hemos preferido el odio antes que el perdón, hemos preferido la indiferencia antes que la caridad, hemos preferido el pecado antes que la gracia.

Por eso, la Ascensión del Señor también es un llamado a la conversión, debemos cambiar, debemos hacer una verdadera transición en nuestro corazón. Muchas veces criticamos al gobierno, que no hacen nada, y probablemente sí, pero tú qué haces que cambie el mundo, por lo menos un poco, cada uno tiene que comenzar por sí mismo, en la familia, en la escuela, en la Iglesia. No podemos esperar un mundo mejor si nosotros no comenzamos a vivir como verdaderos discípulos de Cristo.

Jesús quiere volver, pero quiere encontrar una humanidad que viva según el Evangelio, un mundo donde haya paz, donde exista el amor al prójimo, donde se respete la dignidad humana y donde Dios vuelva a ocupar el centro de la vida. Un mundo semejante al que Él vino a anunciar con su Reino.

Y aun en medio de tantas dificultades, el Señor nos deja una promesa maravillosa: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Cristo asciende al cielo físicamente, pero permanece con nosotros espiritualmente en la Eucaristía, en su Palabra, en los sacramentos y en la Iglesia.

Que esta solemnidad de la Ascensión nos ayude a levantar la mirada al cielo, pero sin olvidar nuestra misión en la tierra. Que no seamos cristianos pasivos, sino discípulos valientes que preparen el camino para la venida del Señor. Pidamos a la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles, que nos enseñe a permanecer firmes en la fe y a trabajar cada día para que Cristo reine verdaderamente en el mundo.

¡Que así sea!


 Mons. Uriel García
Arzobispo Arquidiocesano


Santa Iglesia Catedral Metropolitana del Glorioso Patriarca San José
Domingo de la Ascensión del Señor, 18 de mayo de 2026
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